«248 + 136» parece una sola cuenta, pero se puede contar de varias maneras. Un alumno separa centenas, decenas y unidades; otro suma primero 100 y luego aprovecha que 48 + 52 llega a una centena. Ambos caminos pueden ser correctos si cada transformación conserva la cantidad. Compararlos enseña más que memorizar una secuencia de movimientos sin saber qué representan las cifras.
Jaime Martínez Montero presenta el cálculo abierto basado en números, ABN como un enfoque que permite distintos recorridos con cantidades. Una guía del IES recomienda conectar representaciones concretas y notación matemática. Tomamos esas ideas para mostrar dos estrategias comprobables; no afirmamos que una sesión doméstica reproduzca todo el método ABN ni que una vía sea superior para cada niño.
Entender primero los números enteros
En 248 hay dos centenas, cuatro decenas y ocho unidades. En 136 hay una centena, tres decenas y seis unidades. Antes de escribir una cuenta vertical, puedes representar ambas cantidades con bloques, palillos agrupados o un dibujo: dos cuadrados de cien, cuatro barras de diez y ocho puntos; después uno, tres y seis. Si el niño no puede explicar qué vale el 2 de 248, conviene trabajar valor posicional antes de exigir velocidad.
Haz una estimación: 248 está cerca de 250 y 136 cerca de 140, así que el resultado debería rondar 390. La estimación no sustituye el cálculo exacto, pero ayuda a detectar un resultado como 3 840 o 84. Pregunta qué operación representa el problema original. Si solo se trata de sumar números sin contexto, dilo; no inventes una historia innecesaria.
200 + 100; 40 + 30; 8 + 6.
300 + 70 + 14 = 384.
248 + 100 = 348; + 30 = 378.
378 + 6 = 384; comprobar.

Camino uno: agrupar por valor posicional
Escribe 248 + 136 = (200 + 40 + 8) + (100 + 30 + 6). Reúne centenas: 200 + 100 = 300. Reúne decenas: 40 + 30 = 70. Reúne unidades: 8 + 6 = 14. Por último, 300 + 70 + 14 = 384. El 14 puede transformarse en una decena y cuatro unidades; entonces 300 + 80 + 4 también da 384.
No presentes los paréntesis como decoración. Sirven para dejar claro que descomponemos cada número y luego reagrupamos sin perder ninguna parte. Si el niño suma 8 + 6 = 14 y escribe 314 por unir las cifras visualmente, vuelve a los objetos: catorce unidades equivalen a una decena y cuatro unidades. La idea importa más que la regla de «llevar una» memorizada.
Camino dos: añadir partes del segundo número
Empieza en 248. Añade 100: 348. Añade 30: 378. Añade 6: 384. Este recorrido conserva el segundo sumando porque 100 + 30 + 6 = 136. Se puede dibujar una recta con tres saltos de longitudes distintas, sin exigir que cada tramo esté a escala perfecta al principio. Pregunta por qué se puede cambiar el orden de los saltos en una suma y cómo afectaría a la comodidad del cálculo.
Un camino alternativo también podría compensar: añadir 2 a 248 para llegar a 250 y quitar esos 2 de 136, que pasa a 134; entonces 250 + 134 = 384. Esa idea requiere explicar por qué la suma no cambia. No la uses como truco sin demostración: mueve dos fichas de un grupo al otro y comprueba que el total sigue igual.
Comparar las estrategias sin hacer competir a los niños
Pide que cada alumno explique dónde aparece el 136 completo. En el primer camino está en 100, 30 y 6; en el segundo, en los tres saltos. Luego pregunta qué paso resultó más fácil y por qué. Puede que separar por órdenes facilite ver el valor posicional; puede que los saltos permitan calcular mentalmente. La descripción original del ABN destaca la apertura de procedimientos, no una competición por producir el recorrido más vistoso.
Si el colegio trabaja un algoritmo convencional, conecta las estrategias. La cuenta vertical también suma unidades, decenas y centenas; su notación comprime pasos. Mostrar la equivalencia evita decir que la escuela «lo hace mal». Pregunta al docente qué representación se está usando si el niño se confunde entre procedimientos.
Verificar por un camino distinto
Resta 136 a 384: 384 − 100 = 284, − 30 = 254, − 6 = 248. Recuperar el primer sumando confirma la operación. También puedes revisar con la estimación: 384 está cerca de 390. Una comprobación independiente es más informativa que repetir exactamente la misma suma, porque puede revelar un error que se repite por rutina.
Al terminar, el objetivo no es que el niño conozca todos los caminos posibles, sino que pueda justificar uno, entender otro y elegir con criterio. Si 248 + 136 deja de ser una columna de cifras opacas, la descomposición ha cumplido su función.